EL AYUNO
 

Nuestra Madre, la Santísima Virgen María, invita a Sus hijos a ayunar por la Paz.
Ella explica que cuando es ofrecido de manera sincera y amorosa, el ayuno ayuda a revertir la situación de aflicción de muchos corazones en el mundo. Nos dice:

“Mis pequeños hijos, nunca olviden para este tiempo el día de ayuno.
El ayuno hecho con el corazón repara los sentimientos.
El ayuno hecho con amor, restaura los conflictos.
El ayuno hecho con paz, les traerá más paz”.

Este ejercicio, lleva a cada alma, a caminar hacia la consagración en el Inmaculado Corazón de María. Con el ayuno, se alivia el peso de las faltas cometidas al Sagrado Corazón de Cristo, se alivia el peso que carga cada una de nuestras almas y las almas del mundo.


El ayuno de Jesús

“Como Reina de la Paz, los invito a considerar en vuestras vidas estos simples ejercicios espirituales, que fueron grandes llaves para la salvación de muchas almas cuando Cristo estuvo entre ustedes sobre la Tierra.

Los cuarenta días de ayuno de Mi Hijo Jesús, significaron la unión definitiva de Su Corazón Humano con el Corazón Espiritual de Dios, fue la alianza que le permitió a Jesús vivir la Pasión, la Muerte y la Resurrección, y la esencia de todo este misterio fue la oferta de amor que emanó del Corazón de Mi Hijo hacia la Voluntad de Dios”.


Con facilidad olvidamos cuán importante es el ayuno para nuestra vida, e incluso practicándolo tendemos a convertirlo en un hábito rutinario, sin sentido. Para evitar esto, Nuestra Madre nos advierte:

“Cuiden, Mis pequeños hijos, para que los días de ayuno no se vuelvan días de dieta. El ayuno sin la intención del corazón pierde la fuerza y no actúa como debería actuar en este mundo.
Por eso también, Mis hijos, es que vuestros cuerpos pierden el incentivo de ayunar, por no tener la intención correcta al hacerlo.
La intención del corazón y el propósito claro de lo que significa esta acción reparadora es lo que da sentido a los días de ayuno,  y no tanto lo que están ayunando.
El propósito primordial del ayuno es la Paz, es la salvación de las almas”.


Ayunar, pero no sólo de alimentos físicos, ya que este ejercicio debe ser acompañado por un ayuno de sentimientos, de pensamientos, de palabras, de acciones instintivas y precipitadas.

“Ayunen también de juicios, de discusiones, de competencia y ofrezcan esta intención sincera por la reparación del Corazón de Cristo y por la salvación de las almas”.
 

María, se refiere a un ayuno desde el corazón, donde cada ser oferte lo que pueda por la Paz, en el Cielo esa oferta será muy bien recibida.

“Como Madre, contemplo y acepto todas vuestras sinceras ofertas de ayuno.
 A los que están enfermos les pido ayuno de palabras y mucha oración;
 a los que tienen cuerpos firmes y jóvenes, les pido ayuno desde la consciencia y desde el corazón, ofertando todo al Creador;  a los más dispuestos al sacrificio, les pido ayuno de pan y agua, como les pedí  a Mis hijos una vez en Medjugorje”.

Se trata de animarnos a realizar pequeños sacrificios que sean agradables al Corazón del Padre, pero que no sean martirios. Ella sabe que cada alma es única, por eso a cada una pide sacrificios distintos. Y siempre realizados por amor, ya que cada acto que se hace con amor tiene más valor que aquellos que se cumplen sólo por obediencia.

El ayuno nos permite ver más allá de nuestras vidas, y a través de este pequeño sacrificio muchas cosas se convierten, dentro de nosotros y en el mundo.
Ella nos indica lo que cada tipo de ayuno aporta a nuestras vidas:

  • Ayuno, a base de Agua: para traer la pureza a nuestros corazones e irradiar esa pureza al mundo.
  • Ayuno, a base de Arroz: para vivir la austeridad y la pobreza; pobreza de corazón, de alma y de espíritu.
  • Ayuno, a base de Frutas: para traer la paz y la armonía.
  • Ayuno, a base de Pan: para que jamás nos olvidemos de Su Hijo, que es el Pan de Vida.


Nuestra Señora también ha compartido los resultados tangibles del ayuno y la oración, en el plan de Dios para este mundo. En el mensaje del  7 de septiembre de 2013, durante la Jornada por la Paz en el Mundo impulsada por el Santo Padre Francisco, Ella dice:

“Queridos hijos, quiero decir ante los Poderes Celestiales, que Vuestro Amadísimo Padre, por intermedio de la acción de Sus Criaturas en la Tierra, logró derramar Su Misericordia la que, con el transcurso del tiempo, tocará el corazón de los que lo tienen cerrado, para que la paz en Medio Oriente se alcance.

Por este motivo, lo que estaba previsto que sucedería en los próximos meses, ha sido transformado en futuros meses de conversión, redención y de paz.

Todas las almas, que hoy en el mundo rezaron el Santo Rosario por la Paz y la Coronilla a la Divina Misericordia, despertaron a la Vida Suprema del Paraíso y esto generó que millones de almas presas en los abismos de la Tierra alcanzaran el camino infinito de la luz de Dios”.

Vemos como ante un sacrificio mínimo, el Cielo encuentra caminos para derramar su Misericordia sobre todas las criaturas.


Somos convocados entonces, para realizar esta oferta, esta donación por amor, los martes y sábados, como preparación para la Vigilia con Cristo, la Nueva Pascua:

“Queridos hijos, los martes y los sábados, serán de especial misericordia para los corazones que aspiren a responder al llamado de ayuno por la Paz: en la vida del mundo, por la Paz en las naciones, por la Paz en el propósito de los hombres, por la Paz en la humanidad y en especial, por la Paz de las almas en el purgatorio, que también deben alcanzar la Gracia de la Paz”.


“Dios teje a través de Mis oraciones Sus benditos y misericordiosos propósitos para cada una de las almas”.
                                                         María, Madre de la Divina Concepción de la Trinidad