Mensajes de Cristo Jesús

Domingo, 4 de junio de 2017

Mensajes mensuales
MENSAJE ESPECIAL DE CRISTO JESÚS, TRANSMITIDO PARA LA 47.ª MARATÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA, EN LA CIUDAD DE ASÍS, PERUGIA, ITALIA, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Vengo en un tiempo de crisis planetaria para darle la última Gracia al mundo.

Por eso he venido a este lugar, compañeros, para traerles no solamente Mi Paz, sino para que sean portadores de Mi Gracia y de Mi Misericordia.

Les traigo nuevamente la oportunidad de amar.

Les traigo el camino de salida a una nueva etapa.

Por eso necesito que estén a Mi lado, así como necesito que cada uno de Mis compañeros siga Mis pasos de Luz.

Yo necesito que abran sus corazones a lo nuevo. No necesito lo que ya es viejo.

Necesito que Me vivan en plenitud y en verdad, porque así estarán Conmigo y Yo estaré en ustedes, mostrándoles el camino de salida hacia una nueva oportunidad y esperanza.

He venido a Asís para convertirla en aquello que tanto espera Mi Padre, y que San Francisco vivió en el momento de su primera entrega.

Yo necesito que lo imiten con ejemplos de verdad, porque él desde el Cielo los contempla y ora por todos sus hermanos, para que también puedan vivir los mismos principios que él vivió hace tanto tiempo.

Él ha orado para que Yo, hoy, estuviera aquí; así como todos los santos maestros que oraron a Mi Corazón Misericordioso para que hoy Yo esté aquí, entre ustedes y entre los que más necesitan de Mi Paz.

Vengo a abrir las puertas para una nueva Italia. Una Italia renovada por el amor de Mi Corazón. Renovada por un amor verdadero y justo, caritativo y humilde, por los semejantes que los rodean.

Por eso necesito que Me vivan en plenitud, para que su Maestro y Señor no sufra lo que le hace el mundo continuamente.

Yo dejé para ustedes, a lo largo de los tiempos, preciosas Luces de Dios en el mundo, por medio de los santos y maestros de todos los tiempos y de todas las épocas.

Un porcentaje menor de la humanidad aprendió lo que ellos enseñaron. Por eso estoy aquí, para reforzar esa enseñanza, ese potencial de instrucción, para que las almas vivan los Principios del Universo y estos Principios se puedan espejar en la Tierra, para que las almas los practiquen y así sean ejemplos de amor y de verdad.

Hoy Mi Corazón pulsa para aliviar el dolor del mundo, para aliviar la indiferencia de la humanidad, para aliviar los errores cometidos y todo lo que el hombre de superficie realiza, al desvirtuar el Proyecto de Dios.

Hoy abro Mis Brazos y tiendo Mis Manos, derramando Mi Luz, derramando Mi Justicia, derramando Mi Verdad sobre una Tierra que Me necesita, aunque no lo parezca.

Vengo a abrir las puertas a los no redimidos; son ellos los que Yo necesito para llevar Mi Obra adelante en todas las almas y, especialmente, en aquellas que no Me buscan, que no Me escuchan y que aún no Me sienten. Con esto les traigo algo muy grande ante lo tan pequeño de sus vidas.

Mi Padre Me ha enviado para traerles la Paz y la victoria de Mi Amor en todos los corazones que se abren para recibirme. Hoy quiero extender Mi Mensaje universal a la humanidad.

Quiero que todas las consciencias Me escuchen en sus diferentes naciones, en sus diferentes culturas y pueblos, así como en sus religiones.

Vengo a unirlos en el centro de Mi Amor Misericordioso, porque allí será el lugar y el momento para que todos puedan comprender todas las cosas, puedan conocer los misterios y que estos salgan a la luz de todos los que duermen en el hipnotismo del mundo.

De esta forma compañeros, Yo vengo a invitarlos, así como lo hice en otros tiempos, a que den un paso en sus consciencias para que puedan abrazar Mi Obra planetaria, que va más allá de sus vidas, de sus sentimientos y de todas sus comprensiones.

Necesito que en esta Maratón de la Divina Misericordia ingresen en Mi Corazón Misericordioso, para que sus almas sean lavadas en la Fuente y en el Océano de Mi Gracia. Así, estarán purificándose de los códigos de la precariedad humana.

De esa forma estarán preparados para poder seguirme; y tendrán mucha fe, confianza y amor en el momento de las pruebas, y así no saldrán de Mi Camino, no se olvidarán de Mis Principios y recordarán que Yo estaré observándolos, protegiéndolos, y acompañándolos en su camino de redención y de rehabilitación.

A ustedes, como grupo de almas que han venido aquí, a Asís, para responder al llamado de su Maestro y Señor, por el amor de sus corazones les podré decir, compañeros, que siempre estarán en el camino correcto si siguen el camino de la simplicidad, del despojamiento y de la humildad.

También vengo por la orden religiosa que aquí fue fundada, para levantar las bases y para erguir una vez más un nuevo Templo, que es el Templo del espíritu, el Templo de la fraternidad, de la verdad y de la unidad, que debe estar en todos Mis compañeros para que Yo pueda seguir obrando a través de ellos.

No quiero que lo que tanto ha costado mantenerse, se pierda con el tiempo o por la acción de la vida humana, de los criterios y de las formas que solo llevan a destinos mentales y no al destino del amor.

Necesito que, en estos tiempos, puedan sentir diferente para que puedan comprender las cosas de forma diferente. Por eso estoy extendiendo Mis Brazos y Mis Manos sobre Asís, para proteger la fe y la caridad que formaron parte de Mi Obra crística en el mundo.

He venido aquí, para unirlos a todos en la fraternidad, para que aprendan a vivir los tiempos de la tribulación ahora de forma grupal y no individual, para que aprendan a sustentarse los unos a los otros, a pesar de las tempestades, porque su barca, que es Mi barca, debe seguir navegando mar adentro hasta poder alcanzar el puerto del Corazón de Dios.

Cuando eso suceda, podré decirles que Mi Obra estará cumplida, y ya no será necesario peregrinar por el mundo para luchar contra la tribulación en la gran batalla espiritual de estos tiempos.

Yo siempre seré su Comandante y Señor, quien conducirá esta barca a su destino.

Por eso no duden de lo que Yo hago o de todo lo que Yo les pido, por más extraño que parezca. Porque detrás de cada intención y de cada pedido se encuentra un motivo, un propósito y un destino que vivir.

Si unen sus manos como hermanos, estarán en Mí, en la reconciliación con Dios y viviendo el Sacramento de Su fe.

Si ustedes, como hermanos, se separan, el mundo se separará aún más, y mayor será la indiferencia, la ceguera espiritual, y los errores se diseminarán de forma incontrolable en la humanidad.

Y ¿quién detendrá eso? ¿Quién soportará esa ola de ingratitudes? ¿Quién remará en Mi barca hasta el final?

En los tiempos más difíciles se alcanzará el triunfo de Mi Sagrado Corazón. Por eso son muy pocos los que Me siguen.

Yo tengo tesoros especiales que no son de este mundo sino de todo el Universo, para las almas que Me contemplan y que Me acompañan.

Necesito que cada uno Me dé lo que Me puede dar.

No vengo a exigir grandes cosas. Vengo a pedirles cosas simples para que Yo pueda estar más tiempo en el mundo como Divinidad, porque será Mi Divinidad la que los socorrerá en la tribulación y en los tiempos de caos.

Será Mi Divinidad la luz para el mundo, en el momento más agudo del planeta.

Será Mi Divinidad la que los conducirá hacia el camino de la paz, de la protección y de la verdad.

Vengo a renovar hoy, especialmente, la vida religiosa: la consagración, los votos y la vida fraterna con el fin de que Mi Corazón, Mi Corazón espiritual, siga viviendo en ustedes y entre ustedes.

Si eso se cumple de una forma simple y verdadera, recordando Mis Palabras todos los días, Yo estaré más tiempo en la humanidad para que las almas no sufran, no se pierdan, ni tampoco abandonen a Dios por su ignorancia y ceguera.

Que esta Maratón signifique la unión de las culturas, de las creencias y de las religiones, bajo Mi Amor crístico y fraterno.

De esa forma las naciones no temblarán y no se opondrán las unas a las otras, porque podrá reinar la paz en aquellos lugares del mundo en donde se expresa la vida y la naturaleza, frutos de la Creación de Dios, tan necesarios y urgentes para todas las naciones que viven la guerra, la desesperación y los conflictos que parece que nunca terminan.

Por eso los invito en esta Maratón a ingresar en Mi Corazón Misericordioso a fin de que su Señor y Maestro pueda equilibrar la injusticia humana, la falta de amor, la falta de caridad y de fraternidad.

Hoy les pediré que sean ustedes quienes consagren estos elementos para que estén más unidos a Mí, para que la humanidad pueda estar más unida al Padre y salir de su ceguera espiritual, para poder abrir sus ojos al Infinito y encontrar la paz.

Me elevo al Cielo en resplandor. Me elevo al Cielo en oración.

Me elevo al Cielo y llevo en Mi Corazón a todos los que Me sienten, a todos los que Me comprenden y a todos los que Me viven más allá de sí y por un fin mayor.

Yo los absuelvo con la autoridad celestial del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Así como Yo convertí el agua en vino, puedo convertir lo impuro en puro y hacer brillar en la materia humana los códigos celestiales de Mi Corazón.

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