Mensajes de Cristo Jesús

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Miércoles, 4 de octubre de 2017

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MENSAJE ESPECIAL DE CRISTO JESÚS, TRANSMITIDO PARA LA 51.ª MARATÓN DE LA DIVINA MISERICORDIA, EN LA CIUDAD DE SANTA FE, ARGENTINA, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Y después de los tres días de oscuridad volverá a nacer el Sol, el Sol que representa el Hijo de Dios, del Dios Único e Invencible.

Pero no teman, Yo siempre estaré con ustedes, hasta el fin de los tiempos, y esa promesa aún la mantengo, vigente y viva, por cada uno de ustedes.

Les vengo a enseñar a atravesar el fin de los tiempos y a trascender el ciclo de la oscuridad del planeta.

Mis Ojos no dejan de ver la gravedad que viven muchas almas en el mundo y cuántos aún, más se precipitan hacia los grandes abismos de la Tierra.

Pero, aún Yo envío a este mundo a los Arcángeles de Dios, para que, en su silencio eterno, ellos traigan a la Tierra los Dones que vivifican a algunas almas y que permiten que Mis Obras se realicen en esta humanidad.

No dejo de sembrar Mis Bases en los corazones consecuentes Conmigo.

No dejo de establecer Mis Proyectos en todos los que Me siguen.

Estoy aquí, junto a ustedes, extendiendo Mi Mano, para llevarlos hacia Dios y para que sepan que, en estos tiempos, la humanidad deberá purificarse de cosas muy desconocidas.

Pero les vuelvo a decir: no teman. Mi Corazón Misericordioso está aquí para fortalecer sus espíritus y para hacer de cada nuevo aprendizaje una victoria que Yo voy colocando a los Pies de Mi Señor, del Creador.

Sientan el abrigo de los Ángeles del Cielo.

Sientan la protección de la Madre de Dios.

Sientan el abrazo de su Maestro y fortalézcanse hasta poder alcanzar lo que Yo necesito en cada uno de ustedes.

Vendré como ese Sol para disipar las tinieblas.

Vendré como ese gran escudo para vencer al mal.

Y no dejaré que nadie pierda la oportunidad de conocerme, al menos en este último tiempo, en donde el planeta sufre mucho la consecuencia de sus errores.

Veo, día a día, lo que pasa en el mundo.

Siento, día a día, en Mi Corazón, la sed que tienen muchas almas. Almas que ni siquiera se aproximan a Mí, ni tampoco Me buscan.

Porque Yo no solo Soy un Maestro, sino Soy la Expresión del Amor Manifestado de Dios, en este y en otros Universos.

Soy ese Afluente de Luz que los puede salvar, que los puede guiar y ayudar en el camino y en el propósito que cada espíritu vino a cumplir en este planeta.

Hoy no vengo aquí, a Santa Fe, para señalar sus errores, sus incertidumbres o sus imperfecciones.

Día a día vengo a buscar de ustedes algo más. Algo que aún no conocen en ustedes mismos y que está allí, vivo, para estar al servicio de Dios y de Su Plan.

Rezo por ustedes y por sus hermanos para que puedan acompañarme hasta el final. Porque aún tengo mucho por hacer aquí, en este planeta y con todas las almas de este mundo.

Busquen, en estos tiempos de oscuridad, la alegría de servir.

Busquen, en estos tiempos de oscuridad, la luz que aún no son, y espejen lo que Dios les ha entregado, desde el principio de su concepción divina y espiritual.

Porque allí, Yo podré colocar Mis Manos en ustedes. Podré transformar lo que aún no se ha transformado. Podré hacer de cada uno, lo que Mi Padre tanto espera.

Hoy no solo les reflejo Mi preocupación por cómo está el mundo y su humanidad, también les reflejo, a través de Mis Ojos y de Mi Corazón, la esperanza, la que he vivido, experimentado y expresado durante Mi Pasión hasta después de la Cruz y, más aún, hasta después de Mi Ascensión.

Vengo a cumplir la Promesa que he hecho hace más de dos mil años.

Vengo a llamarlos para que Me acompañen, en esta hora, a soportar el fin de los tiempos y todo lo que ha de suceder en los próximos ciclos que llegarán.

Yo Soy el Hijo Solar que viene a traer los nuevos códigos para todos los que los necesitan.

En Mi Paciencia vengo a construir nuevas cosas, que aún no están prontas en ustedes, pero que algún día lo estarán, cuando perciban que todo, por más pequeño que sea, forma parte del servicio a Dios.

Destierren de sus caminos la aflicción. Retiren de sus caminos las piedras que los hacen tropezar y levántense cuántas veces sea necesario, hasta que Me vuelvan a encontrar, una y otra vez, y se tomen fuerte de Mi Mano para seguir caminando hasta la meta.

Si el mundo no se arrepiente, pocos se salvarán. Por eso estamos peregrinando por todos los lugares del mundo, para poder llevar el alivio que el planeta necesita, para hacer de este momento, un momento de oportunidades y de cambios en todas las almas.

Hoy vengo con el atardecer del Sol para que busquen, más allá del horizonte, lo que existe en este Universo y es real; lo que hace dar pasos a las almas en el camino de la entrega y de la unión Conmigo.

Reciban los rayos solares de Mi Corazón y transfiguren sus vidas completamente, a fin de que Yo pueda contar con más soldados, los que en esta batalla espiritual no perderán la paz, porque Yo se las daré cuántas veces sea necesario.

Yo estoy aquí para llevarlos hacia lo Mayor, para demostrarle a este mundo que el Universo continúa adelante y aún hay mucho que aprender.

Que esta Maratón sea la escuela para poder aprender a atravesar los tiempos, para poder saber superar barreras y obstáculos que se presenten en los caminos hasta que finalmente se realice Mi Plan y él pueda estar vivo en ustedes.

No falta mucho para que Yo retorne al mundo, pero aún la humanidad deberá aprender lo que necesita para reconocer, en sí, las grandes Gracias que ha recibido en los últimos tiempos.

Dejo para ustedes la Comunión Sacerdotal, la unión con Mi Espíritu Crístico, para que se sustituyan los códigos y así los Dones se manifiesten en la vida de todos los seres que aspiran a encontrarme paso a paso, momento a momento.

Ofrezcan esta Maratón por el despertar de la humanidad, por los que aún duermen y se apartan del Amor de Dios.

Dejo para ustedes el Poder de Mi Gracia, la Fuerza incansable de Mi Espíritu, el Amor perpetuo de Mi Corazón, hasta que puedan recogerse en Dios y sentir el Poder de Su Presencia.

Yo los bendigo para esta nueva etapa, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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