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Sábado, 25 de abril de 2015

MENSAJE DIARIO DE MARÍA, ROSA DE LA PAZ
        TRANSMITIDO EN LA CIUDAD DE SAN PABLO, BRASIL, AL VIDENTE FRAY ELÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN

Queridos hijos:

Los misioneros de la paz ya se encuentran a las puertas del Congo para iniciar el último tramo de un misión que fue enriquecida por el amor y el servicio y, principalmente, por la vivencia fraterna de la Paz.

Mientras Mi Hijo extiende Sus manos sobre África para dar la última bendición antes de Su esperado retorno, vuestra Señora de Kibeho se encuentra ingresando en el mundo desconocido del Congo para que por medio de una acción de piedad y de misericordia todas las deudas puedan ser equilibradas.

Hijos, serán vuestras sagradas oraciones del corazón las que permitirán que vuestra Madre Celeste aleje de las almas la perturbación constante de Su adversario. Por eso, hijos, bajo el espíritu de vuestra oferta a la vida de oración, la paz podrá volver a aproximarse a los corazones de todos Mis hijos del Congo y así, una nueva historia de luz se escribirá.

La falta de paz en el Congo y la esclavitud son una deuda impagable, porque ya hace más de quinientos años que la misma injusticia se repite. Pero, hijos Míos del Congo y misioneros Míos, la fuerza del amor de vuestra Madre Santísima y Suprema desterrará el reinado rastrero de la serpiente, y los Ángeles de Dios colmarán las almas con la Misericordia de Mi Hijo.

Por eso, queridos hijos, vuestra tarea en el Congo será principalmente hacer retornar el Santo Espíritu de la Paz para que, al menos los más perjudicados por el trabajo pesado y penoso encuentren la esperanza que tanto buscan.

África es la cuenta pendiente de toda la humanidad, por eso los Sagrados Corazones llegan nuevamente a Kibeho para establecer la inocencia y la pureza interior perdidas.

Mientras ustedes, hijos, acompañan las realidades de Mi amada África por medio de Mis instrucciones diarias, Yo podría contarles lo que sucede con vuestros hermanos de Asia, de Oceanía y de Europa, realidades diferentes que nacen de un mismo mal.

Pero la Misericordia de Dios y Su Justicia vencerán. Por eso, en tiempos de preparación para el Apocalipsis Yo invito, a Mis hijos a la perseverancia, a la fe y al amor del corazón, porque solamente esas tres cosas aliviarán al mundo entero cuando sean vividas de verdad.

Queridos hijos de Goiania, en la esperanza de volver a recibirme hoy les digo: retornaré a vuestro pueblo y a vuestra ciudad. Sigan orando y recen para que Mis Planes en el Brasil y en el mundo puedan cumplirse por intermedio de los instrumentos que Mi Hijo escogió, así todo será posible a pesar de los tiempos difíciles que vive el mundo. Hijos, Yo escuché vuestra oferta, no se decepcionen, no los he abandonado, están en Mi regazo de luz. Vuestra oración permitió que Mi Obra se cumpliera en el Brasil a pesar de hoy estar en otra ciudad. Agradezco vuestra fidelidad y amor fraterno.

Les agradezco por concretar Mis Planes de Paz.

Los bendice en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,

Vuestra Madre María, Rosa de la Paz

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Sábado, 25 de abril de 2015

MENSAJE PARA LA APARICIÓN MENSUAL EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA,
        TRANSMITIDO POR LA VIRGEN MARÍA, MADRE Y SEÑORA DEL VERBO DIVINO,
        A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Que la alegría y la perseverancia nunca dejen de prevalecer en los corazones de Mis hijos, porque estos atributos construirán las bases inquebrantables de la fortaleza interior de aquellos que deberán vivir el final de estos tiempos.

Mis amados, como Madre y Señora del Verbo Divino, vengo para traer al mundo la Voluntad de Dios y Su conducción para las almas que decidan seguir el camino que lleva al Padre.

Mi Corazón se alegra al encontrarlos en oración, porque así podré forjar a Mis soldados, los fieles discípulos de Cristo, para que enfrenten con valentía los días que llegarán.

Mis amados hijos, muchos temen escuchar Mis palabras, otros prefieren no creer en ellas, porque Mi verbo los invita a la transformación, Mi verbo los llama a madurar, para que, como almas, no sean niños y reconozcan la gran responsabilidad que cargan como humanidad, una humanidad que debe dar un gran salto y que muchas veces no se siente preparada para darlo.

Pero ahora, Mis queridos, llegó el momento de elevar el rostro hacia el Cielo y, así como Mi Hijo le dijo al Padre que se hiciera Su Voluntad, que comience en este mundo la gran transformación que los conducirá a Su Corazón Sacratísimo.

Mis queridos, mucho tiempo aún pasará para que puedan aprender a consolidar en sus seres la Gracia de tornarse verdaderamente semejantes a Dios.

Llegarán días en los que sus ojos no querrán abrirse, que sus brazos parecerán no poder levantarse, que sus piernas sentirán no poder caminar, pero en esos días deberán recordar instancias como esta que viven hoy, en la cual Yo vine a su encuentro, despertándolos del sueño y trayéndoles la paz y la alegría que deberán perpetuarse en sus corazones.

Aprenderán, en los años que vendrán, que pueden superar muchas barreras en la materia y en el espíritu. Descubrirán que la fortaleza de la cual tanto les hablé es verdadera y, así como Mi Hijo Jesús, podrán hacer carne la Voluntad del Padre. En días de profunda oscuridad, harán despuntar en el propio corazón el sol que volverá a iluminar al mundo y que calentará el corazón de aquellos que tenían su sol interior casi apagado.

Quiero que cada uno de Mis hijos sea un sol en la Tierra, que amanezca todos los días para un nuevo tiempo, que disipe las nubes y la oscuridad por la propia luz que emerge de sus oraciones.

Mis amados, estoy construyendo en cada uno de ustedes algo que solo podrán encontrar cuando crean que nada más pueden hacer por este mundo. El tesoro que guardé en sus esencias estará muy escondido y la llave para encontrarlo es la persistencia en la oración y en la superación de sí mismo y de todas las energías del mundo para cumplir con el Plan de Dios, Plan que deberán amar y en el cual deberán confiar por toda la eternidad.

Aunque un día no puedan ver la manifestación de Dios en sí mismos, tengan certeza de que este Dios está escondido dentro de ustedes.

Y hoy les digo que deberán ver surgir en el corazón de África, por medio de esta misión, el Corazón pulsante y vivo de Dios, Corazón que venció el sufrimiento y el dolor y que ahora se eleva, dando un ejemplo para todos de cómo resurgir en alegría y en paz.

Que Mis soldados puedan tener el corazón siempre en lo Alto y los ojos del alma siempre abiertos, para que así puedan ver no solo lo que ocurre en este mundo físicamente, sino encontrar la Gloria de Dios por detrás de todas las cosas y en lo invisible de todos los acontecimientos.

Les agradezco por la alegría de recibirme. Recuerden esta alegría en los días que vendrán y nunca la pierdan de vista.

Yo los bendigo y, por medio de sus oraciones, llevo Mis bendiciones a el mundo entero.

María, Madre y Señora del Verbo Divino

¡La Gloria de Dios se manifiesta en el mundo!

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