Sábado, 18 de marzo de 2017

MENSAJE MENSUAL DE SAN JOSÉ, TRANSMITIDO EN EL CENTRO MARIANO DE AURORA, URUGUAY, A LA VIDENTE HERMANA LUCÍA DE JESÚS

Hijos, no es por casualidad que hoy estoy aquí, que uno el tiempo y el espacio, que uno los Reinos de Dios, en el Cielo como en la Tierra, para expresar la unidad que hay en Su Plan.

Hoy, Mi Corazón solo agradece a Dios por poder estar entre Sus hijos, por poder testimoniar la Misericordia Divina en Su Creación.

Hoy, Mi Corazón solo agradece a Dios, porque, a pesar de que muchos piensan y sienten que no dan ningún paso, esta Obra, hijos, está creciendo y las Palabras del Creador están llegando, a través de Sus Mensajeros, cada vez a más almas, a más espíritus, a más esencias.

Hoy, Mi Corazón solo agradece al Padre porque sé que Su Plan se cumplirá.

Sé que Su Voluntad triunfará en aquellos que lo escuchan y también, un día, en aquellos que no lo escucharon.

Sé que la Esencia Divina crecerá por la unión de sus esencias con Dios.

Hoy, Mi Corazón solo agradece al Padre, porque desde el principio de este Proyecto entregué Mi Vida, Mi Consciencia, para que este Plan pueda cumplirse. Aunque no lo conozco por completo, aunque nunca lo conocí; pues así como es para ustedes, también un día fue un gran misterio para Mí.

También significó un gran abismo para Mí, en el que tuve que lanzarme y perderme, para poder encontrar lo que en verdad Soy.

Hoy, Mi Corazón solo agradece al Padre, porque veo que ese mismo abismo se encuentra frente a la humanidad. Y no es un abismo de perdición o un abismo de ilusiones, es solo un símbolo de algo que desconocen y en el cual deben lanzarse, para morir a la condición humana y renacer en el verdadero arquetipo que Dios un día pensó para la humanidad.

Después de estos cuatro años de instrucciones y de tantos otros de instrucciones internas; solo quiero, hijos, que encuentren la verdad en su interior y que la sigan.

Que pierdan el miedo de expresarse como son, que pierdan el miedo de ser verdaderos. Que den a conocer al mundo, aquello que solo su mundo interior conoce.

Ustedes ya saben que en lo profundo de sus corazones habita algo puro, simple. Algo que es semejante a Dios en su humildad, y en su donación; porque partió de la Consciencia divina y hoy habita en su interior.

Muchos solo vieron esa parte de sus consciencias por un lapso de tiempo; sin embargo, todos saben que ella existe.

La oración les abrió la puerta del corazón y de la consciencia, y les mostró ese espacio de sí mismos que en verdad, es lo que ustedes son.

Después de estos cuatro años, hijos, fui descubriendo cada espacio de ilusión de sus mentes, de sus egos humanos y espirituales, para que pudieran llegar hasta ese espacio, reconocerlo y amarlo, amándose a sí mismos por la semejanza que existe con Dios, dentro de ustedes.

Para transformarse, es necesario reconocer las propias imperfecciones; es necesario estar ante el desafío de humillarse.

Sin embargo, les pido que no se estanquen allí, porque no es solo en ese reconocimiento que debe estar su meta. Reconocer las imperfecciones es el principio, llegar a la esencia es el verdadero fin.

Reconozcan las imperfecciones como reconocen las destrezas humanas y sepan que, de la misma forma que ustedes no son las destrezas, tampoco son las imperfecciones.

Detrás de todo eso está lo que son en verdad, aquello que es puro y que guarda en sí un Don de Dios. A eso deben llegar y para eso necesitan perder el miedo. Perder el miedo de no tener destrezas, perder el miedo de ser imperfectos. Perder el miedo de parecer frágiles ante los ojos de los hombres, de parecer algo bueno o malo.

Miren hacia adentro de ustedes y encuentren aquello que es, aquello que no tiene destrezas, aquello que no tiene adjetivos. Aquello donde la nada y el todo se encuentran, no tiene nada de lo que suponen ser, y al mismo tiempo, es la esencia que los une al Creador de todas las cosas, en el que todas las cosas habitan y Él habita en todo.

Que Mis palabras no sean un misterio, como gran parte de la instrucción que recibieron.

Quiero que Mis palabras les sean palpables, vivas, que puedan sentirlas, que puedan tocarlas. Que puedan sentir como ese Verbo que proviene de Dios, ingresa en sus esencias, impregna sus seres, rompiendo las capas que los separan de la comprensión de la Verdad.

Hoy, Mi gratitud al Padre es infinita, y quisiera transmitirles esa gratitud para que también aprendan a ser agradecidos, a pesar de cualquier dificultad o aparente desafío o prueba.

Les digo aparente, porque lo que para el hombre es una gran prueba, para Dios es una gran oportunidad. Lo que para el hombre es un gran abismo, para el Creador es finalmente estar ante la Verdad.

Permítanse, hijos, transformar, cambiar el sentido de sus vidas, cambiar los conceptos de sus mentes, no tener conceptos.

Ingresen en el espíritu de gratitud que hoy les traigo y agradezcan Conmigo a Dios por todo lo que recibieron.

Agradezcan a Dios por todo lo que recibirán cada día, aunque les sea doloroso, aunque les traiga dificultades.

Agradezcan a Dios los desafíos que los hacen crecer.

Agradezcan a Dios las humillaciones que los hacen morir a la condición humana y encontrar la verdad de sus corazones y de sus espíritus.

Agradezcan las pruebas que no comprenden y las verdades que sí pueden comprender.

Agradezcan por la vida y por estos tiempos, porque son grandes tiempos para toda la Creación.

En este espíritu de gratitud y de humildad ante Dios, pídanle Su Gracia. Ofrézcanse para dar todo lo que son, para intentar vivir Su Plan lo máximo posible.

Porque cuando estén ante sus imposibilidades, cuando hayan hecho todo, lo imposible se volverá posible, porque la Gracia de Dios descenderá sobre ustedes.

Clamen al Padre por esta Verdad. Clamen para que puedan ser la expresión de esa esencia viva dentro de ustedes.

Clamen para que puedan cumplir la misión que vinieron a realizar en el mundo, para que puedan ayudar a otras almas que tanto lo necesitan.

Que puedan ser dignos de ser llamados embajadores de la paz, embajadores del Reino de Dios. Porque en eso deberán convertirse.

Cuando la Voz de los Mensajeros Divinos no pueda resonar más en el mundo, serán sus voces que la hará resonar. Será su ejemplo el que multiplicará las Gracias que un día dejamos para la humanidad.

Veo este Plan cumplido. Veo esta Gracia viva en ustedes. Por eso, agradezco a Dios y también les agradezco.

Les pido que sean pacientes, pero también persistentes. Que sean incansables y perseverantes.

Les pido que den todo de sí, pero que no confíen solo en sí mismos.

Den todo de sí para que la Gracia de Dios los impregne y sean dignos de vivir Su Victoria y de ser Su Triunfo vivo, así como lo fue Su Hijo.

Hoy, elevo Mis manos hacia lo Alto y agradezco al Padre por estar entre Sus hijos, por estar entre Sus compañeros, por poder ayudar a que Su Plan se cumpla.

Un día, hijos, estarán en Mi lugar, con las manos en Alto, agradeciendo a Dios por la salvación de otras almas que, en este mundo y en otros, se servirán de su ejemplo, de su transformación, de sus pasos, para encontrar a Dios y retornar a la Fuente.

Guarden Mis palabras en sus corazones, guarden esta esperanza en sus espíritus y esta certeza en sus consciencias. Sírvanse de ellas cuando les falte la fe, porque un día, todos cruzarán el desierto de la falta de fe. Pero eso no significa que la esperanza se desvanezca.

Recuerden lo que les dije: cuando todo parezca imposible no dejen de intentar y de persistir, porque la Gracia vendrá, aunque sea invisible.

El triunfo de Dios no se manifiesta en las conquistas humanas, pero sí en la vida del espíritu.

Muchas veces pensarán que fracasan y estarán triunfando, así como triunfó el Hijo, con Su Cuerpo flagelado, sin una gota de sangre, en una Cruz.

Él lo dio todo, y la Gracia descendió sobre Él. El propio Dios se hizo Uno con Él y lo hizo revivir.

Recuerden ese ejemplo y revivan siempre que parezcan morir en vida.

Con estas palabras les agradezco, como agradezco al Padre y espero recibir de Dios la posibilidad de estar cuatro años más, junto a ustedes, para que un día puedan ver lo que Yo veo hoy; para que puedan ver Mis palabras cumpliéndose y para que puedan dar testimonio de que ellas son verdad.

Hoy, nuevamente les ofreceré, por la potestad que Dios Me concedió, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, en los cuales se guardan todas esas palabras que Yo les transmití, todos esos Principios divinos que les traigo en nombre de Dios.

Comulguen con esa Esperanza del Creador, que la entrega de Su Hijo se vuelva Vida en cada uno de ustedes.

Que este pedazo de pan y este vino se multipliquen, crezcan y se expandan en sus células, en sus consciencias, en sus esencias.

Como símbolo de la Gracia de Dios que viene a su encuentro, consagro estos elementos y deposito en ellos Mi eterna gratitud por servir a la humanidad, por servir a Dios en Sus hijos.

Coman de este Cuerpo y beban de esta Sangre, para que sus cuerpos y su sangre sean un testimonio tan fiel de la Misericordia Divina como lo es este Cuerpo y esta Sangre, presentes hoy en el altar.

Comulguen, hijos, con la certeza de que esos códigos de Redención los impregnan y se multiplican para toda la humanidad, para todos los Reinos y para todo el planeta.

Sean intercesores de la vida, sean un puente hacia el Corazón de Dios.

Vivan en entrega por los que están ciegos, por los que están sordos, por los que son incapaces de actuar, de caminar.

Renueven el Cordero de esta Pascua, siendo cada uno de ustedes un nuevo cordero vivo, para que la Cruz ya no pese sobre un único hombre, sobre un único Hijo de Dios.

Sean Su Palabra viva, el cumplimiento de Su Promesa, y que pueda surgir de cada uno de ustedes una raza de los que podrán ser llamados Hijos del Altísimo.

Él fue el Primogénito para dar el ejemplo y llegó la hora de renovar Sus pasos.

Cada uno sabrá lo que puede ofrecer al Padre en nombre de Su Hijo.

Dejo sobre ustedes Mi bendición y Mi eterna gratitud, para que cumplan con la Voluntad de Dios en sus vidas; y así, abran las puertas para que se realice esa Voluntad en toda la humanidad, en todo este planeta.

Yo los bendigo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Y les agradezco.

Comulguen y testimonien esta Comunión todos los días.

San José Castísimo